Típico: le das la paga a tus hijos advirtiéndoles de que no obtendrán más dinero hasta la semana siguiente y resulta que el día después ya se lo han gastado todo. Luego piden y te suplican que le des más dinero… y se lo das. Por supuesto, cuando ves a otros padres abrir la cartera tras haberles dicho a sus hijos que no obtendrían más dinero, sacudes negativamente la cabeza pero cuando eres tú a quien le toca lidiar con los tuyos es bastante más difícil. A fin de cuentas, ¿qué tiene de malo?

Bastante, en realidad.

Darle a tus hijos 5€ aquí y 20€ allá no les enseña nada a tus hijos sobre lo que es administrarse. Mientras siga tu grifo abierto no aprenderán a vivir con lo que tienen ni a administrar sus financias. Lo cierto es que, aunque tenemos las mejores intenciones del mundo, todos los padres cometemos errores, incluso los que somos más estrictos en lo relativo al dinero. Entonces, ¿qué podemos hacer para solucionarlo? Empecemos por erradicar estos nueve errores:

1.- Rendirse en el supermercado

Error: ¿Qué padre no ha comprado unas chuches en la línea de cajas del súper sólo para conseguir que su hijo parara de berrear? Aunque hayas salvado la papeleta, lo único que has logrado ha sido premiar su mal comportamiento, de modo que aprende a chillar cada vez que quiere conseguir algo. “Esto sólo conduce a una escalada de rabietas”, explica la psicóloga Denise Cummings, “No cometas errores o ellos los aprovecharán”.

Mejor: Distráelos. Juega con ellos a “Quién puede encontrar el dentífrico o el champú más baratos”, sugiere Martin Lindstrom, autor de Buyology: Truth and Lies About Why We Buy. Entonces aprovecha para darles una lección de economía doméstica explicándoles que el champú de marca a 12€ y el de marca blanca a 3€ son prácticamente lo mismo.Y mantente firme en no comprarles las chucherías que te piden. Con el juego propuesto (saltándose las chuches) aprenderán a basar en su presupuesto y valores sus decisiones sobre gastos, y no en caprichos.

2.- Esperar a que sean mayores para hablarles de dinero

Error: Un estudio de la universidad de Cambridge muestra que los hábitos sobre finanzas se adquieren sobre los siete años. Así que si te saltas las charlas sobre dinero a edades tempranas, tu hijo podría salirte un manirroto, una persona que vive tirando de su tarjeta de crédito o simplemente alguien incapaz de ahorrar.

Mejor: Comienza a hablarle sobre dinero sobre los tres años. Incluso los preescolares pueden aprender lecciones sobre financias, como saber hacer elecciones o disfrutar de gratificación a posteriori, según una investigación de la universidad de Wisconsin. Para llevar esto a la práctica con tus hijos, por ejemplo dale un euro la próxima vez que estés en una frutería y déjale elegir entre comprarse una naranja o dos peras. O cuando esté esperando a que otro niño deje el columpio para poder montarse, explícale que a veces necesitamos esperar nuestro turno para conseguir cosas, igual que cuando esperamos ahorrando dinero para conseguir algo que de verdad deseamos.

3.- Montar un puesto de limonada y hacer tú todo el trabajo

Error: Si eres el que rotulas el cartel, el que compras los ingredientes y llevas la mesa y las sillas, la única lección que aprenderán tus hijos será la equivocada: emprender es fácil.

Mejor: Deja que los niños hagan el trabajo ellos mismos, que cometan errores y se diviertan. Incluso puedes proponerles que te contraten y que decidan si tu trabajo les compensa. Si por ejemplo un vaso de limonada cuesta cinco céntimos (tres céntimos los ingredientes, uno la mano de obra y el otro céntimo es el beneficio), tus hijos tendrán que decidir si prefieren hacer ellos todo el trabajo y quedarse el beneficio o contratarte y aumentar el precio de la limonada.

4.- Pagar como premio por hacer tareas básicas

Error: Las tareas cotidianas deben llevarse a cabo simplemente por ser un miembro de la familia, no se debe recompensar económicamente el desempeñar labores que deben llevar a cabo de todas formas. ¿Acaso quieres criar personas que cobran cada vez que hacen su propia cama?

Mejor: En vez de compensarles por las tareas del día a día, ponles una paga semanal de cincuenta céntimos o un euro por cada año cumplido, de este modo un niño de diez años tendrá una semanada de entre 5€ y 10€. Sólo debes recompensarles con más dinero si de verdad hacen un “extra” como cuidar de su hermanito o hacer la colada de toda la familia.

5.- Proteger a tus hijos de la insatisfacción de consumir

Error: Tras ver Frozen, la hija de seis años de un amigo no podía esperar a tener su muñeca de Elsa. Cuando al fin la pudo comprar, quedó decepcionada al comprobar que su vestido estaba roto. La mayoría de nosotros le compraríamos una nueva muñeca, pero eso es un error. “Una de las cosas que los niños tienen que aprender es que en la vida no siempre salen las cosas como nos gustaría”, dice Cummings. “Si le cambias el juguete, no aprenderán a valerse por sí mismos o a valorar el dinero ganado”.

Mejor: Lleva a tu hijo a la juguetería el día siguiente de haber encontrado el fallo en su compra. De camino, explícale la importancia de conservar el ticket y ensalla lo que tendrá que decirle al dependiente cuando le solicite cambiar la muñeca. Aunque requiere mayor esfuerzo y dinero por tu parte, esto enseñará a tu hijo cómo hablar por sí mismo y las bases para convertirse en un comprador inteligente.

6.- Fomentar el ahorro pero sin permitirles tener recompensas

Error: Todo padre debe tener límites cuando se trata de en qué pueden gastarse sus hijos el dinero, pero si eres demasiado estricto podrías quitarles la alegría de ponerse una meta y alcanzarla, con lo que tus hijos pueden quedar tan desencantados que dejen de ahorrar por completo.

Mejor: Piensa si puedes comprometer tanto el coste como tus preocupaciones.

Una conocida mía tenía una regla de “no videojuegos” porque quería animar a su hijo a que leyera, pero él era persistente, pedía una Nintendo 3DS y estaba dispuesto a gastarse sus ahorros para conseguirla. Así que llegaron a un acuerdo: si él accedía a jugar sólo una hora al día los fines de semana, mi amiga pagaría la mitad de los 150€ que cuesta la consola si él conseguía ahorrar el resto. Y en efecto, tras cinco meses guardando su asignación, tenía los 75€ necesarios.

Ahorrar con un fin le dio la responsabilidad de tener su propio dinero, la oportunidad de tomar decisiones (como comprar una cosa mayor sobre varias más pequeñas) y la paciencia necesaria para el ahorro, todo lo cual le ayudará en el futuro.

7.- Dejarle a tus hijos tu tarjeta de crédito

Error: Según una encuesta,  más de la mitad de los jóvenes usan más dinero en plástico que en metálico, incluso para compras por menos de 5€. “Con las tarjetas de crédito no duele tanto gastar dinero como hacerlo con efectivo”, dice Baehr. “Así que promoverlas desde temprano no te hará ni a ti ni a tus hijos ningún favor”.

Mejor: Deja que tus hijos utilicen sólo dinero en metálico para obligarlos a aprender a ajustarse a un presupuesto.

Llámame carca, pero cuando mandé a mi hija a la escuela de comercio, sólo le di dinero en efectivo para compras. Y funcionó: cuando una de sus compras superó en 8€ el dinero que tenía en su cartera, no disponía de crédito que pagara la diferencia, por lo que tuvo que devolver una blusa.

Así que, si es posible, espera a que tu hijo empiece la universidad para permitirle tener tarjeta de crédito. Y asegúrate de inculcarle una lección clave: sólo puedes gastar lo que puedas pagar por completo cada mes.

8.- Quejarte de tu trabajo a menudo

Error: Quejarte en voz alta de tu horrible día en la oficina puede ayudarte como válvula de escape pero también podría darle a tu hijo una visión negativa del trabajo. Un estudio de la universidad de Michigan encontró que los sentimientos de los padres acerca de sus trabajos desempeñan un papel vital en si sus hijos ven su empleo como un trabajo, una carrera o una vocación. Por ejemplo, si ambos padres ven su empleo como una vocación, los adolescentes tienden a lo mismo. Los niños son como esponjas, lo absorben todo.

Mejor: Presta atención a cómo hablas sobre tu trabajo. Incluso si no te encanta, probablemente podrás decir que es mejor tener ese empleo que no tenerlo.

“Es importante que los niños aprecien que los adultos se enfrentan a retos en el trabajo, tal y como ellos hacen en la escuela, y que a veces incluso los mayores necesitan descargar”, dice Cummins. “Pero la queja continua sin ningún aporte positivo puede hacerles detestar la simple idea de crecer. Después de todo, mira lo que mamá y papá tienen que soportar cada día!”

Así que cambia de trabajo (si puedes) por algo que te guste o descubre qué te gusta de tu actual empleo y haz hincapié en ello.

Fuente: LearnVest | Foto: Miki Yoshihito

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